sábado, 10 de noviembre de 2018

LOBER EN LOS AÑOS 60

Corrían los años 50 cuando todavía por las casas alistanas se veían las cartillas de racionamiento y la escasez de muchas cosas básicas imperaban a la vista de todos en la mayor parte de las casas alistanas. En la mayor parte de las familias las prendas de vestir se confeccionaban con recursos propios, lana del ganado y lino cultivado en los linares después de un largo proceso de elaboración eran la materia prima para confeccionar la mayor parte de prendas de vestir tanto para mujeres como para hombres. Las “cholas” para el invierno y “albarcas”para el verano con recursos reciclados de calzados en desuso las hábiles manos de hombres y mujeres fabricaban el principal calzado y ropas para proteger la familia del frio en aquellos helados inviernos alistanos. Las casas todas ellas con la cocina provista de chimenea para la lumbre era el principal refugio familiar principalmente en las noches de invierno donde se cobijaba toda la familia al amor de la lumbre. Muchas veces pienso que si las cocinas y las paredes hablaran, cuantas historias perdidas nos devolverían de cuantos se fueron y con ellos se las llevaron. Los inviernos en aquellos años eran generalmente fríos y lluviosos, la lluvia persistente se prolongaba durante varios días seguidos provocando crecidas en ríos y arroyos que a veces dejaba aislados los pastores teniendo que pasar la noche en el campo a la intemperie. Las nevadas estaban presentes cada invierno persistiendo hasta 15 días, lo que obligaba a abrir paso por las calles para poder transitar personas y ganado. En nuestro pueblo la luz eléctrica no llegó hasta enero de 1961, si mal no recuerdo junto con Tolilla y Fradellos fueron los tres últimos pueblos de Aliste sin alumbrado eléctrico. Hasta ese año el único alumbrado eran candiles de petróleo, aceite, faroles y en algunas casas podía haber algún candil de carburo. Generalmente, el candil se encendía en la cocina cuando la lumbre apagaba su llama y solamente quedaba el resplandor rojo de las brasas y siempre que fuera necesario para hacer alguna “gera”, como hilar u otros menesteres. A falta de luz eléctrica, en nuestro pueblo se desconocía cualquier electrodoméstico eléctrico, siendo las radios los primeros aparatos eléctricos que se empezaron a comprar a partir de la llegada de la luz eléctrica, y en los próximos años e empezaron a instalar las primeras televisiones ya bien entrados los años 60, más tarde llegaron las cocinas de butano conocidas como la cocina económica. La lumbre era la principal fuente de calor en todas las casas, aunque tampoco la leña sobraba en muchos pueblos. En aquellos años con familias numerosas en casi todas las casas era de obligación labrar todo el terreno, quedando solo de monte los riscos que apenas producían centeno, y principalmente la leña eran las jaras y escobas y la que salía de podar algún roble o fresno. La calefacción en la escuela cada uno llevaba la suya, la maestra en su mesa camilla tenía un brasero de brasas, el cual, los muchachos eran los encargados de hacerlo a la hora del recreo que, apañando “porros” por las calles los quemábamos dentro del brasero hasta hacerse brasas que después de quitar todos los humeros se tapaban las brasas con ceniza. Los rapaces, cada uno llevábamos el nuestro de la misma manera, pero en un caldero del escabeche provistos de un asa de alambre de unos 60 centímetros de alta para evitar quemarse, en el cual poníamos los pies encima sin tocar las brasas, si éramos unos 30 rapaces y rapazas por que la escuela era mista, con 30 braseros o alguno menos por si alguno no llevaba había calefacción para mantener la escuela bien ambientada durante todo el día. El lavado a mano en el arroyo, esto perduró hasta la década de los 80 que llegaron las primeras lavadoras y no a todas las casas. En invierno las mujeres en el arroyo debían romper el “carámbano” para poder lavar en aquel agua helada, de rrodillas en una banqueta de madera para protegerse del agua y refregando la ropa sobre una piedra impreganada con jabón casero hecho con sosa y desperdicios de grasa, a veces era necesario encender lumbre para calentar las “engariñidas” manos de las sufridas mujeres. No todas las provincias o comarcas han tenido las mismas oportunidades para un desarrollo pleno. Algunas de ellas entre las que se encuentra la nuestra han mantenido y mantienen en la actualidad importantes limitaciones derivadas de un profundo olvido al que han estado sometidas durante ya muchas décadas y al día de hoy continúan estando, el cual nadie consideramos justo.
 Malgrat de Mar, 10 de noviembre de 2018 Emilio

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